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Paris, 18 de Enero de 2001.
El Parlamento francés abrió ayer una grave crisis con Turquía al aprobar por unanimidad una ley que condena el genocidio de la minoría armenia ocurrido en 1915, en pleno declive del Imperio Otomano, y que supuso la muerte de hasta 1,5 millones de personas y la deportación masiva de toda una comunidad étnica.

En caso de que el presidente francés, Jacques Chirac, ratifique la resolución del reconocimiento del Genocidio Armenio, la resolución se convierte en ley.

Luego de que el senado adoptara la resolución el día 8 de noviembre, la Asamblea Nacional Francesa adoptó la resolución reconociendo el genocidio de por lo menos 1.500.000 armenios como parte de la campaña del Imperio Otomano de expulsarlos de la Turquía oriental entre 1915 y 1923.

El Gobierno de Ankara retiró ayer a su embajador en París para evacuar consultas. "Esta ley, que ha sido recibida con decepción por el pueblo turco, va a perjudicar seriamente y de forma duradera las relaciones turco-francesas y puede provocar una grave crisis", aseguraba ayer un comunicado oficial del Ejecutivo turco.

El Parlamento francés culminó ayer un proceso legislativo impulsado por la influyente Comunidad Armenia en Francia, que suma medio millón de personas, en el que se reconoce la existencia del genocidio armenio, con las matanzas y deportaciones masivas llevadas a cabo entre 1915 y 1917, sin que se considere en ningún momento a los turcos como responsables.

Los dirigentes de la Turquía moderna consideran que el genocidio armenio nunca existió. "Francia ignora las realidades históricas, nunca se cometieron las matanzas", afirma el comunicado del Gobierno turco, que insiste en "rechazar categóricamente la ley francesa con todas sus consecuencias".

Varias asociaciones ciudadanas, así como partidos políticos, sindicatos y cámaras de comercio de Turquía han pedido ya que se adopte un embargo contra los productos franceses.


El Gobierno francés reconoció a través de su ministro de Relaciones con el Parlamento, Jean-Jack Queyrane, que "el acto solemne" de reconocimiento del genocidio armenio era "una exigencia histórica". Pero el Ejecutivo francés también expresó sus reservas sobre la ley, en un intento de apaciguar las protestas de Turquía. "Francia sigue siendo un país amigo de la Turquía moderna y también de la actual Armenia", explicó el ministro francés, que insistió en distinguir entre el Imperio Otomano y la actual Turquía. 

 

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