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29 de octubre de 1949 es la fecha de la muerte, en una
localidad cercana a París, de Georges Ivanovitch Gurdjieff, el
enigmático filósofo y místico que creó un influyente movimiento
de características religiosas.
Su verdadero nombre era George Georgiades y nació en Armenia
posiblemente en 1866. Poco se sabe de sus primeros años, salvo que
inició estudios de medicina y sacerdocio que después abandonó.
Era muy joven cuando comenzó un largo viaje que lo llevó al norte
de África, Medio Oriente, la India, y Asia central, llegando a
monasterios inaccesibles y a escuelas secretas donde aprendió
antiguas tradiciones desconocidas para occidente. Se presume que
durante los 10 años que duró su viaje, Gurdiejff fue el principal
agente de informaciones ruso en el Tíbet, y llegó a ser preceptor
del Dalai Lama. También sirvió posteriormente como agente de
Francia. Hacia 1914 se instaló en Moscú, donde comenzó a enseñar
un sistema filosófico que incluía ejercicios físicos rituales y
danzas acompañadas por música que él mismo había creado. Su
sistema de ideas sostenía que el ser humano común vive en una
especie de sueño del que sólo puede despertar a través de un duro
trabajo que lo lleve a la verdadera conciencia. En 1919, abrió en
la ciudad rusa de Tiflis el Instituto para el Desarrollo Armonioso
del Hombre, que comenzó a atraer el interés de intelectuales y
prestigiosos personajes, muchos de los cuales se convirtieron en sus
discípulos. Más tarde abrió otros institutos del mismo carácter
en Constantinopla, Berlín y Londres y, en 1922, se estableció en
París. Dos años después viajó a los Estados Unidos, donde
organizó una filial que encontró innumerables seguidores, entre
ellos, el famoso arquitecto Frank Lloyd Wright, los escritores
Aldoux Huxley y René Barjavel, y científicos, actores y
periodistas de primer nivel. La carismática personalidad de
Gurdjieff manifestó su poder más allá de la muerte.
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